Batalla de Waterloo
Campaña de Bélgica (Cien Días) · Waterloo, Bélgica
Resumen
La batalla de Waterloo, librada el 18 de junio de 1815, puso fin brutalmente a los Cien Días y al destino imperial de Napoleón Bonaparte. Frente a las fuerzas anglo-aliadas del duque de Wellington y la llegada decisiva del ejército prusiano de Blücher, Napoleón libró su última gran batalla con la esperanza de destruir a sus enemigos por separado. Por la mañana, el terreno anegado ralentizó los movimientos franceses, retrasando el asalto. El enfrentamiento comenzó con un ataque masivo a la granja fortificada de Hougoumont, seguido del compromiso del cuerpo de d'Erlon contra el centro aliado. La intervención de la caballería británica, liderada por los grises escoceses y dragones pesados, rechazó el intento francés. A partir de las 15 h. Ney, creyendo en la retirada del enemigo, lanzó varias cargas de caballería sin apoyo de infantería ni artillería. Estos sucesivos asaltos fracasaron contra cuadros aliados bien formados. La progresiva llegada de tropas prusianas al flanco derecho francés invirtió la balanza. Al final del día, Napoleón envió a la Guardia Imperial en un esfuerzo final para perforar el centro enemigo. La Guardia fue rechazada por tropas británicas y belga-holandesas, provocando el pánico en las filas francesas. La derrota se extendió y la derrota se volvió irreversible. Waterloo fue más que una derrota militar: fue un colapso estratégico y psicológico.
Contexto histórico
Después de su regreso del exilio en Elba en marzo de 1815, Napoleón intentó una maniobra audaz para reconquistar su trono atacando preventivamente a las fuerzas de la coalición antes de que pudieran unirse. Decidió entrar en Bélgica para separar el ejército prusiano de Blücher del ejército angloholandés de Wellington. Después de la victoria en Ligny contra los prusianos el 16 de junio y del compromiso indeciso en Quatre Bras contra Wellington, Napoleón esperaba explotar la desorganización aliada. Eligió el terreno de Waterloo, al sur de Bruselas, para enfrentarse a Wellington el 18 de junio. Sin embargo, el terreno era desfavorable: empapado por la lluvia del día anterior, ralentizó el movimiento de tropas y artillería. Napoleón no sabía que Blücher, lejos de ser derrotado, había reunido a sus tropas en Wavre y marchaba activamente para reforzar Wellington. La coalición, aunque heterogénea, estaba decidida a acabar con el Emperador y coordinó sus esfuerzos mejor que en campañas anteriores. Waterloo se convirtió así en el último intento de Napoleón de invertir el curso de la historia.
Tácticas
Napoleón aplicó su clásica doctrina de concentrar fuerzas en un punto débil, con la esperanza de perforar el centro enemigo después de arreglar las alas. El asalto comenzó con un ataque a Hougoumont hacia el oeste, con el objetivo de atraer reservas aliadas. A pesar de las grandes pérdidas, los británicos resistieron en la granja fortificada. Luego, Napoleón envió el cuerpo de d'Erlon contra el centro izquierda aliado. Estas columnas de infantería fueron rechazadas por la caballería británica, en particular los Grises escoceses y la Caballería Real. El mariscal Ney, sin órdenes claras, interpretó una retirada táctica aliada como una derrota y lanzó múltiples cargas de caballería pesada entre las 3 y las 5 p.m. sin apoyo de infantería o artillería. Estos ataques fracasaron contra la disciplina de las casillas aliadas. Mientras tanto, los prusianos de Bülow, entonces Ziethen, se enfrentaron progresivamente al flanco derecho francés en Plancenoit. Napoleón tuvo que enviar a la Joven Guardia y luego a parte de la Vieja Guardia para resistir. A las 19:30 horas. Napoleón jugó su última carta: envió dos batallones de la Guardia Media para atacar el centro aliado. Fueron detenidos por los regimientos británicos del general Maitland (1.ª Guardia de Infantería). Fue la primera vez que la Guardia se retiró. El pánico se apoderó del ejército francés, que se retiró en desorden. El campo de batalla fue abandonado y los caminos a Genappe y Charleroi atascados de fugitivos.
Consecuencias
La derrota en Waterloo puso fin definitivamente a la epopeya napoleónica. El 22 de junio de 1815, Napoleón abdicó por segunda vez. Esperaba partir hacia América, pero fue capturado por los británicos y enviado al exilio en Santa Elena, donde murió en 1821. Francia fue ocupada, París tomada sin luchar y Luis XVIII restaurado al trono. El Tratado de París del 20 de noviembre de 1815 fue más duro que el de 1814: Francia perdió parte de sus fronteras de 1790, tuvo que pagar fuertes indemnizaciones y soportar la ocupación extranjera durante cinco años. Europa entró en una era de relativa paz dominada por las monarquías restauradas bajo el Congreso de Viena. Militarmente, Waterloo confirmó la superioridad de la coalición en coordinación, logística y resiliencia. El aura de invencibilidad de Napoleón quedó destrozada. Waterloo se convirtió en un símbolo histórico: el fin de un mundo, el de las ambiciones revolucionarias llevadas por el Imperio, frente al retorno del orden monárquico tradicional.