Batalla del Somme
Primera Guerra Mundial – Frente Occidental · Somme, Albert – Péronne – Bapaume – Thiepval – Flers – Sector Combles, Francia
Resumen
La batalla del Somme fue la operación aliada más grande de 1916, lanzada para atravesar el frente alemán, aliviar Verdún y poner fin a la guerra de desgaste. A partir del 1 de julio de 1916, en un frente de 40 km, movilizó a británicos, canadienses, australianos, neozelandeses, sudafricanos, terranovas, irlandeses, indios, portugueses y franceses. La preparación de artillería (1,6 millones de proyectiles en una semana) estaba destinada a aniquilar las líneas alemanas, pero fracasó en gran medida. El 1 de julio, el ejército británico sufrió el peor día de su historia militar (≈ 58.000 bajas en 24 horas), mientras los franceses, más experimentados, avanzaban más hacia el sur. La batalla se convirtió en una sucesión de ataques locales contra Pozières, Thiepval, Longueval, Guillemont, Flers-Courcelette (primer uso de tanques el 15 de septiembre), Combles y Bapaume. Los aliados ganaron algunos kilómetros de terreno a costa de cientos de miles de muertos, heridos, desaparecidos, gaseados y mutilados. El Somme encarna el horror de la guerra industrial, la solidaridad franco-británica y el aprendizaje táctico en sangre. Los pueblos fueron arrasados, el paisaje transformado en un desierto lunar y la memoria colectiva quedó marcada para siempre.
Contexto histórico
La Somme se decidió en diciembre de 1915 como una ofensiva conjunta franco-británica. Pero el ataque alemán a Verdún en febrero de 1916 obligó a los franceses a reducir su participación: el Somme pasó a ser mayoritariamente británico, aunque el frente sur permaneció en manos del 6.º ejército de Fayolle. Los preparativos fueron colosales: ferrocarriles, oleoductos, depósitos de municiones, tropas coloniales y de dominio de todo el mundo. Los alemanes, bajo el mando de von Below, habían transformado cada aldea, bosque y colina en una fortaleza, con múltiples trincheras, refugios de hormigón, alambre de púas y ametralladoras. El cuartel general británico confió en el "gran empujón", convencido de que la artillería abriría el camino. Los soldados británicos (voluntarios de Kitchener, 'New Army') descubrieron la guerra posicional. Los franceses, endurecidos por Verdún, aplicaron tácticas más flexibles: infiltración, ataque nocturno, coordinación de armas combinadas. Los civiles fueron evacuados o se refugiaron en sótanos en Péronne, Albert o Amiens. Los pueblos (La Boisselle, Ovillers, Fricourt, Montauban, Guillemont, Ginchy, Thiepval, Pozières, Flers, Courcelette) se convirtieron en ruinas famosas. Lo que estaba en juego era táctico (romper el frente), estratégico (apoyar a Verdún, inmovilizar al enemigo), pero también político y moral (afirmar la solidaridad aliada, sostener la moral interna). La guerra aérea creció: el Royal Flying Corps y la aviación francesa dominaron los cielos, realizando reconocimientos, fotografías, ajustes de fuego y bombardeos.
Tácticas
El Somme inauguró la moderna guerra de desgaste. Después de un bombardeo de siete días (del 24 al 30 de junio), oleadas de infantería avanzaron detrás del bombardeo, pero se encontraron con alambre de púas intacto y ametralladoras sin destruir. Los británicos avanzaron en filas cerradas y sufrieron pérdidas catastróficas: 20.000 muertos y 38.000 heridos el 1 de julio. Los franceses, mejor preparados, se abrieron paso alrededor de Fay y Belloy-en-Santerre. Los combates se convirtieron en una serie de «pequeñas batallas»: Pozières, Longueval, Delville Wood (donde los sudafricanos fueron casi aniquilados), Guillemont, Ginchy, el reducto de Schwaben, Butte de Warlencourt. El 15 de septiembre, Haig envió los primeros tanques Mark I a Flers-Courcelette: 32 de 49 alcanzaron la línea, algunos se averiaron, pero el efecto psicológico fue real. Se empleó masivamente la aviación para detectar artillería y bombardear posiciones alemanas. La poderosa artillería alemana atacó a las tropas aliadas: el "manglar del Somme" se convirtió en un infierno de cráteres, barro y devastación. Los asaltos se sucedieron hasta el invierno, en noviembre llovió y nevó. Las tropas del dominio se distinguieron (canadienses en Courcelette, australianos en Pozières y Mouquet Farm, terranovas en Beaumont-Hamel). Los alemanes, bajo presión constante, agotaron las reservas y se vieron obligados a replegarse a la Línea Hindenburg a principios de 1917.
Consecuencias
La batalla del Somme fue una tragedia sin precedentes: ≈ 1,2 millones de bajas en cinco meses. Los aliados avanzaron sólo 10 km, a costa de 420.000 británicos, 195.000 franceses y 465.000 alemanes fuera de combate. Pero el Somme fue un punto de inflexión táctico: aparición del tanque, refinamiento de la barrera rodante, uso masivo de la aviación, nuevas doctrinas de infiltración. La solidaridad aliada se forjó con sangre: el Somme unió a la "Commonwealth" y a Francia, sellando el mito de los "Tommies", poilus, canadienses, australianos, sudafricanos y terranovas. El Somme desgastó a la élite del ejército alemán, preparando el agotamiento en 1917. El costo humano, psicológico y paisajístico fue aterrador: pueblos arrasados, cementerios militares, tierras contaminadas por proyectiles, generaciones traumatizadas. Las obras literarias (Blunden, Graves, Barbusse, Remarque), los monumentos conmemorativos (Thiepval, Beaumont-Hamel, Pozières) y las conmemoraciones internacionales perpetúan la memoria del Somme como una de las mayores tragedias de la historia. Las lecciones tácticas y humanas guiarían a los ejércitos hasta 1918 y más allá.