Batalla de Mansurá
Séptima Cruzada · Mansourah, Delta del Nilo (actual Egipto)
Resumen
El 8 de febrero de 1250, el ejército cruzado de Luis IX se enfrentó a las fuerzas ayubíes y mamelucas en Mansourah, una ciudad fortificada en el delta del Nilo. La batalla comenzó con un notable éxito táctico: el hermano del rey, Roberto de Artois, cruzó un vado del Nilo con la vanguardia y sorprendió al campamento ayubí, matando al comandante Fakhr ad-Din. Pero esta victoria inicial se convirtió en desastre cuando Robert, desobedeciendo las órdenes, se lanzó a las estrechas calles de Mansourah sin esperar al grueso del ejército. Los mamelucos de Baybars contraatacan ferozmente, atrapando a los caballeros franceses en un laberinto urbano donde su caballería pesada pierde toda ventaja. El ejército cruzado sufrió pérdidas catastróficas, incluida la muerte de Roberto de Artois y de muchos caballeros. Luis IX, que llegó como refuerzo, logró estabilizar la situación pero no pudo evitar el cerco gradual de su ejército, preludio de la derrota final de Fariskur.
Contexto histórico
La séptima cruzada, predicada por Luis IX tras la caída de Jerusalén en manos de los jorezmias en 1244, adoptó la misma estrategia que la quinta: atacar Egipto para obligar al sultán a devolver Tierra Santa. En junio de 1249, Luis IX desembarcó en Damieta con un ejército de 15.000 hombres, entre ellos 2.000 caballeros. La ciudad cayó rápidamente, pero el rey esperó seis meses a que el Nilo se desbordara para regresar a El Cairo. Mientras tanto, el sultán as-Salih Ayyub muere, dejando el poder a los mamelucos liderados por Shajar al-Durr y el futuro sultán Aybak. En diciembre de 1249, el ejército cruzado abandonó Damieta y avanzó Nilo arriba, estableciendo un campamento frente a Mansourah, defendido por las fuerzas de Al-Muazzam Turanshah (hijo de as-Salih) y los mamelucos. Los cruzados construyeron un dique para cruzar un brazo del Nilo, pero los ataques egipcios retrasaron el trabajo. El 8 de febrero, un beduino reveló la existencia de un vado que les permitía sortear las defensas. Roberto de Artois obtiene autorización para realizar un ataque de distracción, pero lo transforma en un asalto general.
Tácticas
La batalla ilustra tanto la audacia como la imprudencia de la caballería medieval. El ataque inicial de Roberto de Artois fue brillante: aprovechando el vado descubierto por los beduinos, cruzó el Nilo con 500 caballeros y 2.000 ballesteros genoveses, sorprendió al amanecer al campamento ayubí y mató a Fakhr ad-Din en su baño. Pero la desobediencia de Robert transformó este éxito en una catástrofe: en lugar de regresar al cuerpo principal del ejército como estaba planeado, persiguió a los fugitivos hasta Mansourah. Los caballeros franceses, pesados y cargados, se lanzaron a las estrechas calles de la ciudad donde su movilidad era nula. Los mamelucos de Baybars, tropas de élite móviles y curtidas en la batalla, contraatacan desde tejados y callejones, utilizando arcos compuestos y lanzas cortas. Los cruzados están atrapados en un movimiento de pinza: los que avanzan quedan aislados, los que retroceden son bloqueados por sus propias tropas. Luis IX, que llegó como refuerzo con el resto del ejército, intentó estabilizar la situación formando un cuadro defensivo, pero las pérdidas ya eran irremediables. La batalla demuestra la movilidad superior y la flexibilidad táctica de los mamelucos frente a la rigidez de la carga de caballería pesada en un entorno urbano.
Consecuencias
La batalla de Mansourah marca el punto de inflexión fatal de la Séptima Cruzada. Las pérdidas fueron enormes: varios miles de muertos, entre ellos numerosos caballeros de alto rango (Roberto de Artois, Guillaume de Sonnac, maestro del Temple y numerosos barones). El ejército cruzado, debilitado y desmoralizado, quedó bloqueado frente a Mansourah, incapaz de avanzar hacia El Cairo. Las epidemias (disentería, escorbuto) asolaron el campo y se acabaron los suministros. En marzo, Luis IX ordenó la retirada hacia Damieta, pero el ejército fue acosado por los mamelucos y rodeado en Fariskur el 6 de abril, donde el rey fue capturado. El rescate de 800.000 bezantes de oro (aproximadamente 400.000 libras de torneo) y la restitución de Damieta pusieron fin a la cruzada. Para Egipto, la victoria marcó el ascenso de los mamelucos, que derrocaron a los ayubíes en 1250 y establecieron su propio sultanato. Para Francia, el fracaso fue amargo, pero Luis IX, liberado, preparó una nueva cruzada (la octava, en 1270). La derrota también revela los límites de la caballería pesada cuando se enfrenta a tropas móviles en un entorno urbano.