Batalla de Ascalón
Primera cruzada · Ascalón (ahora Ashkelon, Israel)
Resumen
El 12 de agosto de 1099, apenas un mes después de la conquista de Jerusalén, la hueste cruzada marchó de noche desde Ramla y se abalanzó al amanecer sobre el campamento de Al-Afdal en Ascalon. A pesar de su inferioridad numérica, los contingentes francos rompieron la derecha fatimí, se apoderaron de los estandartes y transformaron el enfrentamiento en una derrota general, asegurando definitivamente el éxito militar de la cruzada.
Contexto histórico
El visir fatimí Al-Afdal reunió una fuerza considerable de tropas sudanesas, beduinas y armenias en la primavera de 1099 para retomar Jerusalén. Los exploradores árabes cristianos advierten a Godfrey de la concentración enemiga en Ascalon, un puerto fortificado que permanece en manos egipcias. Tras una rápida deliberación, los líderes latinos abandonaron una pequeña guarnición en Jerusalén, reunieron alrededor de 10.000 combatientes, organizaron su marcha en cohortes y se acercaron silenciosamente al campamento fatimí escondido tras los huertos costeros.
Tácticas
Los líderes francos desplegaron el ejército en tres batallas: Tancredo y Roberto de Normandía en el ala derecha, Godofredo y Roberto de Flandes en el centro, Raimundo de Saint-Gilles en el izquierdo. Los cruzados atacaron justo cuando los fatimíes abandonaban sus tiendas en desorden; la caballería pesada carga en un rincón, apoyada por la infantería normanda que derriba a los arqueros sudaneses. La captura del camello blanco de Al-Afdal y la tienda del visir desorganizó completamente al enemigo, mientras que los destacamentos francos quemaron el campamento para impedir cualquier reforma.
Consecuencias
La destrucción del campamento de Al-Afdal rompió la ofensiva fatimí y proporcionó a los cruzados un inmenso botín de armas, camellos y tesoros. Sin embargo, la ausencia de persecución de la ciudad en sí, debido a las rivalidades entre Godofredo, Raimundo y Tancredo por la posesión de Ascalón, dejó activo el puerto egipcio, lo que obligó al joven reino a permanecer a la defensiva hacia el sur. Sin embargo, Occidente dio por terminada la cruzada y algunos de los peregrinos regresaron a Europa.